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¿Cómo fortalecer la autoestima de nuestros hijos?

La familia es lugar de socialización, de educación y de aceptación de uno mismo. Donde una persona es querida por lo que es y se le acepta como es. La valoración de la imagen que el niño va haciendo de sí mismo depende de la forma en que va percibiendo que cumple con las expectativas de sus padres, en cuanto a la consecución de metas y conductas que esperan de él.

Cada niño es único y debemos considerar su temperamento, habilidades, debilidades, deseos y nivel cognitivo a la hora de comunicarnos con él y educarle.

También en la familia pueden establecerse patrones que afecten negativamente la autoestima de nuestros hijos, por ejemplo una educación permisiva por parte de los padres, que en ocasiones queremos evitar la discusión con nuestros hijos y les concedemos lo que nos piden sin reparar en que esta conducta les puede dañar su autoestima.

Los padres hemos grabado el modelo educativo que recibimos y lo reproducimos sin cuestionar si es o no el más adecuado. Cuando nos hemos educado en un ambiente familiar donde había descalificaciones por parte de nuestros progenitores es habitual que reproduzcamos este modelo con nuestros propios hijos, en ocasiones de forma inconsciente. Es importante preguntarnos cuál es el modelo de educación que hemos recibido y plantearnos el modelo que queremos transmitir.

Analizar nuestro nivel de conocimiento como personas y padres, y la propia autoestima, fortalecerla y cuidarla nos llevará a poder transmitir a los demás una imagen positiva de nosotros mismos como paso previo para fomentar la autoestima en nuestros hijos.

El lenguaje y la comunicación que utilizamos son muy importantes. La autoestima que un niño pequeño tiene proviene en gran medida de lo que oye, le dicen y de esos mensajes repetitivos que recibe y que más tarde se dice a sí mismo.

Sé su ejemplo

  • Transmitirles confianza y afecto.

Es importante demostrarles que confiamos en que ellos pueden lograr lo que se propongan (dentro de los límites razonables por su edad) y que les dejemos el espacio para que ellos lo realicen sin duda aumentará su autoconfianza y, por el contrario, si se le impide realizar algo, se producirá un quiebre en su confianza que quedará limitada.

Inculcarles el valor del trabajo y el esfuerzo, como bases para conseguir cumplir las metas.

  • Permitirles probar y fallar

Aquellos pequeños que no hacen nada por su propia cuenta acaban teniendo problemas de autoestima. Si no les dejamos probar ellos lo interpretan como una falta de capacidad por su parte, y dejaran de intentarlo.

  • Alentar sus ganas de superarse

Esto aplica para todos los ámbitos: educativo, deportivo, humano etc.

Un niño que aprende desde pequeño la importancia del esmero para ser mejor y progresar, contará con una gran herramienta para el resto de su vida.

  • Valorar su opinión y dejarlos participar

Un niño que no es escuchado y al que no se consulta a la hora de tomar decisiones, verá perjudicada su formación de la autoestima. Es recomendable preguntarle qué siente, qué opina y que le gustaría hacer cada vez que se debe tomar una decisión. El debe escoger qué deporte practicar, qué clases extracurriculares tomar y decisiones de este tipo. Es muy difícil que un niño que no tiene poder de decisión en su propia vida tenga una imagen positiva de si mismo.

¿cuales son nuestros errores más comunes que afectan a la formación de su autoestima y que debemos evitar?

  • Sobreprotección

Es el reflejo de la inseguridad de los padres. Sus consecuencias pueden ser timidez, dependencia, introversión, inseguridad, y falta de confianza en si mismo, entre otras.

  • Minimizar logros

Valora sus objetivos cumplidos, y no digas que algo “es muy fácil” cuando él no lo pueda hacer.

  • Resolver todos sus problemas.

Al hacerlo no desarrollará la capacidad de sobreponerse a las dificultades. Y lo que es peor podría considerarse incapaz de superar cualquier obstáculo que se interponga en su camino.

Liderazgo 4.0: cómo liderar en tiempos de crisis.

Ahora más que nunca se hace patente la necesidad en las organizaciones con líderes más preparados emocionalmente para sobrevivir a la crisis.

Ante el quiebre económico que nos sobreviene, las personas que integramos las organizaciones y también quienes las lideran podemos reaccionar de distinta forma:

  • Es posible que vivíamos con angustia permanente y no sepamos cómo reaccionar ante esta situación, experimentando un sufrimiento continúo.
  • Podemos actuar con fortaleza, como el ave fénix que resurge de sus cenizas y se hace más fuerte tras haber sido destruido, es decir con resiliencia.
  • Adelantándonos y crear de forma ingeniosa un escenario donde crecer, y obtener éxito, es decir ser “antifrágiles” como lo denominó Nassim Taleb (2012).

Los periodos de crisis impulsan al cambio, y los grandes líderes son quien nos guían en el caos y la transformación que toda situación límite produce.  

No todos los líderes de hoy están preparados para dirigirnos en el campo de batalla, ¿quieres saber cómo es un líder 4.0?

Lo que les define y diferencia es su liderazgo emocional, y más concretamente las siguientes competencias:

  • Manejan con habilidad el estrés y la ansiedad.
  • Saben entender y aceptar las emociones propias y ajenas.
  • Se comunican con claridad lo que está sucediendo, pues el silencio se interpreta a veces como malas noticias.
  • Aceptan honestamente la gravedad de la situación.
  • Se comprometen con quienes les rodean.
  • Abiertos a escuchar las necesidades de clientes, proveedores, empleados, e inversores, de donde obtiene información para una mejor toma de decisiones.
  • Deciden sabiendo qué sacrificios son necesarios para salvaguardar la dirección estratégica.
  • Gestionan con habilidad la incertidumbre y el miedo a los cambios.
  • Sus valores, entre otros son la fortaleza mental, perseverancia y el enfoque
  • Ponen en marcha su creatividad
  • Crean orden a partir del caos, mediante la reorganización de prioridades y valores de la Organización.
  • Refuerzan la Visión, el Propósito y  la hacen los ajustes necesarios en la Misión de la Compañía.

Ana Calero Artero

Claves para la gestión emocional durante y después del confinamiento.

Hoy en día todos conocemos la importancia de saber manejar nuestras emociones, y momentos como el actual lo convierten en una necesidad. La convivencia en familia 24×7 puede convertirse en un polvorín sino estamos acostumbrados, y adquiere mayor relevancia cuando sabemos que nuestros hijos nos miran y aprenden por imitación. Es una doble tarea y una responsabilidad: por un lado conocerme a mí mismo y aprender a gestionarme, y por otro entender y comprender qué le ocurre a la otra persona, y desde ahí empezar a crear un espacio para la comunicación y el acuerdo, en definitiva un espacio de crecimiento conjunto.

Las emociones básicas son la alegría, la sorpresa, el enfado, el miedo, la tristeza y el asco. Durante la experiencia del vivir confinados, las emociones más presentes (sin menospreciar a la alegría y la sorpresa que sin duda también lo están) son la enfado, el miedo y la tristeza.

Según Leslie Greenberg, las emociones pueden clasificarse de la siguiente forma:

  • Emociones primarias saludables (o adaptativas) que son la respuesta impulsiva a un estímulo, son muy valiosas y necesarias. Por ejemplo, si alguien me insulta, me enfado.
  • Emociones primarias no saludables (o desadaptativas) que parten de un aprendizaje previo y que, ante un estímulo presente se reproduce una respuesta del pasado y pueden perdurar mucho en el tiempo. Suelen ser emociones enquistadas y crónicas; Por ejemplo, una tristeza profunda.
  • Emociones secundarias, que ocultan otra emoción primaria que no se quiere mostrar, o no se percibe o no se acepta; por ejemplo, cuando una mujer ha sido educada en que no debe enfadarse, y ante el enfado muestra tristeza.
  • Emociones instrumentales, que se utilizan consciente y deliberadamente como un medio para conseguir algo. Por ejemplo, el lloro infantil para conseguir algo

Las emociones son una señal para nosotros y los demás, y nos prepara para la acción; nos dan información muy valiosa sobre el estado de nuestras relaciones y si las cosas nos van bien. El pensamiento pone la emoción en perspectiva y hace que tenga sentido.

“Las emociones se basan en el presente, pero están influenciadas por el pasado y ejercen influencia sobre el futuro” L.Greenberg.

¿Qué información importante nos proporciona?

El miedo está relacionado con la necesidad de seguridad, y surge cuando nos sentimos amenazados, independientemente de que el peligro sea o no real.

El enfado está ligado a la necesidad de libertad (en su más amplia acepción) y reconocimiento, pérdida de poder o de control, traspaso de límites.

La tristeza está relacionada con la necesidad de pertenencia al grupo, de amor, y nos informa de cambios, pérdidas y necesidad de reorganizar.

Detrás de cada emoción existe una necesidad no cubierta. Comprenderlo y descubrir cuál es esa necesidad nos sitúa en la posición adecuada para gestionarla, identificando lo que queremos y el camino a seguir.

Las emociones se sienten en el cuerpo, pero tienen lugar en el cerebro y es ahí donde se regulan, a través de nuestros pensamientos. Razón y emoción no pueden separarse.

Según la teoría de Paul Maclean, el cerebro está formado por tres partes:

  • Cerebro Reptiliano (primitivo):corresponde al sistema nervioso que tienen los reptiles y hemos heredado. Existe hace más de 500 millones de años y su función principal es la supervivencia.

No es pensante ni emocional, y carece de voluntad. Se encarga de los instintos y funciones más básicos; es el cerebro que ACTÚA.

  • Cerebro Emocional (límbico): el cerebro de los mamíferos apareció hace más de 200 millones de años. Es el responsable de las respuestas emocionales, es inconsciente y automático; codifica aprendizajes básicos, la memoria implícita, las emociones primarias y el apego. Es el cerebro que SIENTE.

En él se encuentra la amígdala que archiva las experiencias negativas y desagradables que hemos experimentado. Su función es la supervivencia y por ello procesa y expresa rápidamente las emociones (especialmente ira y miedo). Está siempre alerta y ante un peligro puede asumir el control completo del cerebro. Es el llamado secuestro amígdalar.

  • Cerebro racional (neocórtex): aparece hace unos 60 o 65 millones de años. Es consciente y voluntario, y en el que se dan procesos mentales muy complejos, como pensamientos, imaginación, planificación; es el responsable de tomar decisiones sensatas, controlar emociones y el cuerpo, empatizar, ética; es el cerebro que PIENSA.

 Es donde recibimos los impulsos y las emociones de los otros dos cerebros y donde se gestionan, además en él se ubican las neuronas espejo responsables de conectar emocionalmente con los demás.

Las emociones son comunes a todos, adultos, adolescentes y niños; no obstante, existen diferencias importantes que tienen su explicación en bases científicas.

En la etapa infantil, el niño nace con sus cerebros reptiliano y emocional operativos y totalmente desarrollados, pero su cerebro racional está en construcción y terminará de madurar entorno a los 30 años.

Además, las emociones en esta etapa son muy intensas, explosivas, cambiantes y las expresan corporalmente; esto sumado a que, como hemos visto, ante una emoción fuerte se puede producir el denominado secuestro amígdalar, que bloquea su aún inmadura capacidad de razonar, nos ayuda a entender mejor su mundo emocional, ¿no te parece?.

Ahora bien ¿cómo gestiono mis emociones y ayudo a mis hijos a gestionar las suyas?.

¡¡¡¡Empieza por ti!!!!. Cuando estés “subido” a una emoción, practica el desahogo emocional sano para evitar que se convierta en una carga emocional. El deporte, técnicas de relajación como el mindfulness, hacer respiraciones profundas, hablar con amigos o familiares, leer, escribir, llorar, o ver comedias son formas sanas de gestionar las emociones dentro de casa.

Una vez que hayas regulado su intensidad, habla con naturalidad de lo que sientes, pon nombre a tu emoción, acéptala, dale la bienvenida y averigua qué información tiene para ti, qué necesidad sientes amenazada y reconduce tu conducta para que sea efectiva.

De esta forma estás creando un espacio “seguro” y mostrando a tu familia que cada uno puede expresar lo que siente y tiene derecho a ser oído y respetado, sin juicios o críticas. Poco a poco tus hijos aprenderán a reconocer en ellos las emociones y al averiguar lo que se esconde tras ellas, a identificar que necesitan, y más adelante con tu apoyo incondicional aprenderán a regular su intensidad a canalizarlas de forma adecuada.

Ana Calero Artero

La autoestima es clave para el éxito personal.

La Autoestima es la visión más profunda que tenemos de nosotros mismos, la suma de la confianza en nuestra capacidad de pensar y afrontar los problemas de la vida y el respeto por nuestras necesidades y sentimientos sabiendo que somos merecedores de la felicidad.

El modo en que nos sentimos con nosotros mismos afecta de forma decisiva en todos los aspectos de nuestra vida, por eso se considera una clave del éxito y fracaso personal, con independencia de cómo lo interpretemos cada uno de nosotros. También es una llave que nos abre la puerta para una mejor comprensión de nosotros mismos y de los demás.

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La autoestima  alta está íntimamente relacionada con la capacidad de disfrutar de la vida y también con un nivel bajo de vulnerabilidad frente a los ataques de terceros.

Los niños con fuerte sentido de su propia valía disfrutan de una mejor salud, sienten más motivación para aprender, se sienten más seguros, su progreso es mayor y además toleran mejor la frustración.

Según Nathalien Branden existen dos variables que ayudan a un niño a desarrollar una buena autoestima, y que son el derecho a equivocarse y la otra, ser visible en el hogar. La mayor herencia que podemos dejar en nuestros hijos es desarrollar una confianza en sí mismos que los lleve a tener un autoconcepto positivo, dándoles permiso a equivocarse, permitiendo su visibilidad y sobre todo trabajando con nuestra propia autoestima.

Según Branden, las prácticas que fomentan la autoestima son:

  • Vivir conscientemente: es decir generar un estado mental adecuado a la tarea que se realiza. Darnos cuenta de todo lo que tiene que ver con nuestras acciones, propósitos, valores y metas, y comportarnos de acuerdo con lo que vemos y conocemos. Vivir conscientemente implica estar en contacto con nuestra parte interna y respetarla, conocer nuestras necesidades, deseos, emociones y vivir responsablemente.
  • Aceptarse a sí mismo: aceptarme significa valorarme, tratarme con respeto, defender mi derecho a existir y a ser feliz. Aceptar mis emociones, mis pensamientos y conductas como parte de mí. La autoestima es imposible sin la aceptación de uno mismo.
  • Asumir la responsabilidad de uno mismo: asumir la responsabilidad de mis actos,  haciéndome cargo de mi bienestar y de mi felicidad, y sentir un cierto control sobre mi vida.
  • Autoafirmación: buscar una forma adecuada de expresar mis deseos, necesidades y valores basada en el respeto por mi mismo. Vivir conforme a nuestros valores, expresarlos y perseguirlos; oponernos a lo que rechazamos.
  • Vivir con propósito: tener la capacidad de afrontar la vida, fijando metas y actuando para conseguirlas. Significa vivir y actuar con congruencia.
  • Integridad personal: Cuando nuestra conducta es congruente con nuestros valores, y concuerdan los ideales y su práctica, tenemos integridad.

La importancia de una autoestima sana radica en que es la base de nuestra capacidad para responder de forma activa y positiva a las oportunidades que se nos presenten en el amor, en el trabajo y en la diversión. Es la base de esa serenidad de espíritu que hace posible disfrutar de la vida.

Ana Calero Artero

 

 

Es momento de hacer un viaje….

La realidad que estamos viviendo nos obliga a parar; todos y cada uno de nosotros, de alguna u otra forma, estamos inmersos en esta situación que podemos elegir vivir como una oportunidad para comenzar a “Ser” y dejar de “Hacer”.

Nuestra vida está llena de “cosas que hacer”; vivimos en una permanente carrera sin fin, en la que lo que “haces” es lo que “vales”, y si no “haces” muchas cosas, y las muestras al mundo a través de las redes sociales, si no consigues muchos “likes”, puede parecer que NO ERES VALIOSO.

Nada más lejos de la realidad. Cuando vives conectado con el “Ser”, tomas conciencia de tus necesidades, de tus prioridades, de tus deseos….. te sientes más pleno, más completo y satisfecho, aunque es un trabajo para toda la vida. Se trata de compaginar nuestro “hacer” diario, y encontrar momentos también para Ser. No puedes estar en ambos a la vez, si estás en el “hacer” no puedes estar en el “Ser”; cuando “haces” te enfocas hacia fuera, a cumplir las expectativas de los demás, quedas a merced de sus juicios…..

Te invito a emprender el viaje más importante de tu vida, el viaje a tu interior. No olvides que hemos sido creados para SER en mayúsculas: Ser Felices, Ser Amados, Ser Creativos, Ser valientes, Ser dueños de nuestro propio destino…

¿Te atreves? rezar, meditar, escuchar, reflexionar, dejarte sentir…todas estas técnicas te pueden ayudar a conectarte y recuerda que las emociones son tu brújula, no te olvides que tienen información muy valiosa para tí y útil para guiarte en tu aventura…..el miedo que sea tu compañero para avisarte de los peligros, la tristeza aparecerá cuando estés introduciendo un cambio, la ira te avisa de límites sobrepasados, el asco cuando sientas rechazo, la sorpresa y la alegría que vas a sentir cuando descubras al Ser que habita en tí…..

Recuerda, no estás solo, si quieres puedo ser tu guía y acompañarte.

Ana Calero Coach

¿Cómo lograr que tu hijo consiga ser su mejor versión?

Las claves del coaching educativo en adolescentes

Lo que diferencia al coaching de otras metodologías de desarrollo es su enfoque práctico y dirigido a la acción. En su modalidad educativa, el coaching se centra en el potencial de cada alumno para hacerlo aflorar y crecer exponencialmente, aumentar su independencia y responsabilidad, y todo ello a través de su autoconomiento y la autorregulación emocional.

¿cuando es útil el coaching en menores? existen casos de éxito en situaciones de bajo rendimiento escolar, cuando existen creencias limitantes, bajo autoconcepto y autoestima, problemas en las relaciones interpersonales, falta de flexibilidad mental, ausencia de motivación, dificultades para manejar el estrés, inseguridad…..; y en general la educación emocional y el coaching proporcionan a nuestros menores herramientas para conocerse y gestionarse a ellos mismos, además de empatizar y facilitar su desarrollo en sociedad.

Un proceso de coaching son varias sesiones que pueden realizarse individualmente o de forma grupal, siendo esta última modalidad especialmente útil para fomentar el espíritu de grupo y evitar situaciones de acoso escolar o exclusión social.

Es cada vez más frecuente encontrar centros educativos que imparten formación en Inteligencia Emocional a alumnos y profesores. Sin olvidar a los verdaderos protagonistas que son los alumnos, el papel de padres y profesores es fundamental, para garantizar el éxito del proceso.

Si como padre o madre estás interesada en que tu hijo realice un proceso de coaching ó te gustaría participar en talleres sobre inteligencia emocional por favor contacta conmigo por privado

Optimismo para fomentar la resiliencia infantil

¿Te consideras una persona que se crece ante la adversidad?, ¿Sabes cómo proteger a tus hijos del estrés? ¿y enseñarles a responder ante los altibajos y cambios a los que se pueden verse sometidos en la propia familia, en la escuela ó en su círculo de amigos?

En una sociedad con múltiples posibilidades, e innumerables peligros es imposible eliminar los riesgos pero sí podemos enseñar a nuestros hijos cómo afrontarlos dándoles  herramientas con las que  superar las adversidades y desafíos de un mundo cambiante, y que puedan desenvolverse con éxito cuando sean adultos.  

Una de los mecanismos que podemos potenciar en ellos es la resiliencia,  entendida como  la capacidad de adaptación de la persona frente a las adversidades, compensando lo negativo con una actitud positiva y optimista que le permite superarlas y salir reforzado.

“La resiliencia es el arte de navegar en los torrentes, el arte de metamorfosear el dolor para darle sentido; la capacidad de ser feliz incluso cuando tienes heridas en el alma.”

Boris Cyrulnik

La psicología positiva estudia esta característica de la personalidad desde hace más de 30 años,  y concluye que todos somos resilientes en mayor o menor medida, y es esta cualidad  la que nos permite  no rendirnos cuando las cosas se ponen difíciles, y  nos mantiene luchando por los objetivos que nos hemos marcado.

La resiliencia es no es innata ni única, sino que resulta de un proceso evolutivo y de aprendizaje que se construye en el tiempo, de ahí la importancia de  fomentarla durante la infancia.

En el ámbito familiar,  en la relación de apego con nuestra madre aprendemos  a tener una autoestima positiva, nos sentimos amados, tenemos nuestras necesidades cubiertas y se inicia el aprendizaje de la resiliencia. Si en el entorno cercano familiar o educativo hay personas que nos transmiten las enseñanzas de superar las adversidades en lugar de  dejarse hundir por las adversidades , incorporaremos la resiliencia de forma natural.

En la escuela es donde los niños socializan y donde pueden aparecer las dificultades en las tareas y competencias, y por tanto los educadores juegan un papel fundamental en la prevención y detección de posibles situaciones de riesgo, y  también como guías y apoyo para los niños y adolescentes que disponen de recursos para desarrollar su resiliencia, ayudándose a si mismos e incluso a otros.

El optimismo es clave para fomentar la resiliencia en la infancia y adolescencia.

Martin Seligman, considerado como uno de los padres de la psicología positiva explica en su libro (Learned Optimism, 1981) que la diferencia entre un pesimista y un optimista reside en algo tan sencillo como su forma de interpretar las situaciones. El pesimismo se caracteriza por considerar la adversidad como algo permanente, universal y personal, lo cual lleva a la indefensión y desesperanza. Por el contrario, para el estilo optimista de pensamiento la adversidad es transitoria, específica y externa a la persona. Esto permite mantener viva la esperanza y sentir que el cambio es posible.

La esperanza hace que la persona esté dispuesta a ponerse en pie, a continuar esforzándose, a buscar alternativas y a persistir frente a la adversidad. Este último estilo de pensamiento, es el que parece imperar en aquellos niños, adolescentes y adultos, que han pasado por situaciones adversas y han salido reforzados de ellas.

Ser optimista, no significa engañarse en una situación difícil ó ignorar el problema, sino comprender que los obstáculos son transitorios, e ir más allá del momento;  la resiliencia nos permite sacar fuerzas del interior para sobreponernos. Por tanto el optimismo y la resiliencia parecen estar íntimamente relacionadas y pueden complementarse para favorecer nuestra capacidad de respuesta ante los retos y situaciones adversas.

“Nuestros menores necesitan ser optimistas para tener éxito en la vida.”

¿Te gustaría averiguar cómo de resilientes son tus hijos?

Basándonos en el modelo de Edith Grotberg (1997) los niños y adolescentes con características resilientes:

Tienen personas en quienes confiar, que les quieren incondicionalmente, les ponen límites y les muestran por medio de su conducta la manera correcta de proceder; además les permiten aprender a desenvolverse solos y les ayudan cuando están enfermos, en peligro o cuando necesitan aprender.

Son personas apreciadas y se sienten queridas, y felices cuando hacen algo bueno por los demás; se respetan a si mismos y al prójimo.

Están dispuestas a responsabilizarse de sus actos y confían en que todo saldrá bien.

Pueden hablar de las cosas que les asustan o inquietan, buscan la forma de resolver los problemas. Se controlan cuando sienten ganas de hacer algo peligroso, buscan el momento adecuado para hablar con alguien o actuar y encontrar a alguien que les ayude cuando lo necesitan

Descripción: https://anacalerocoach.files.wordpress.com/2019/11/resiliencia-.jpg?w=768

En resumen es posible ofrecer a nuestros hijos una nueva mirada sobre el mundo a través de la educación. Promulguemos acciones orientadas a la prevención de riesgos, a través de la protección: en la escuela mediante programas de desarrollo de la competencia social y personal en los niños,  favoreciendo su autonomía, y desarrollando su autoestima para que descubran sus cualidades y fortalezas que les permitan superar las adversidades. En el entorno familiar, a través de acciones que les refuercen en la idea de que ante una difícil situación, existen soluciones alternativas, que es posible otra perspectiva más esperanzadora, enseñarles con ejemplos de personas que han sabido superar situaciones adversas saliendo reforzados…

Ana Calero Artero

Bibliografia

“Educar para la Resiliencia. Un cambio de mirada en la prevención de situaciones de riesgo social” por Victoria Muñoz Garrido (UCM) y Francisco de Pedro Sotelo (Univ Alcalá de Henares).

“Learned Optimism” (1981) Martin Seligman

”La construcción de la Resiliencia en el Mejoramiento de la calidad de vida y salud”, Maria Teresa Fiorentino.

“Guía de los padres para fomentar la resiliencia en los niños y adolescentes: Dele a su hijo raíces y alas (para volar), Kenneth Ginsburg. “La resiliencia en el mundo de hoy” Edith Grotberg

¿Cuanto “cuesta” no cambiar?

Conocemos la teoría: “lo único constante es el cambio”; sabemos que estamos  llamados a cambiar, lo queramos o no y, sin embargo, nos resistimos. Desde la neurociencia nos explican que a nuestro cerebro le gustan las certezas y así ahorra energía y el cambio es sinónimo de incertidumbre; el cerebro identifica Cambio con amenaza, por eso sentimos miedo, y al sentirlo nuestra corteza pre-frontal se bloquea y disponemos de menos recursos e ideas para afrontar el cambio.

Existe una base científica para explicar nuestra resistencia a cambiar; también sabemos que nuestra mente (pensamientos y emociones) tienen el poder de cambiar fisiológicamente nuestro cerebro gracias a su neuroplasticidad, es decir tenemos el control y por tanto el cambio es posible.

Imagina que estás bajo una cascada intentando contener el agua que cae con una fuerza descomunal, tu lo intentas…. utilizas tu cuerpo y energía como un muro de contención,pero dime ¿puedes evitar que el agua siga cayendo con la misma fuerza?, ¿tienes suficiente energía para resistirte? ¿cómo te sientes física y emocionalmente? Estos somos nosotros cuando nos aferramos a las situaciones o comportamientos que sabemos nos perjudican y sin embargo no cambiamos..

Ahora bien ¿qué precio estás dispuesto a pagar por no cambiar? ¿salud?, ¿bienestar? ¿felicidad?, pon tú el precio…

¡Gestiona tu tristeza! los cambios, ya sean impuestos o elegidos generan tristeza. Al cambiar dejas marchar algo, y no nos gustan las despedidas. Se produce  un duelo que tenemos que vivir y sentir, por eso sé compasivo contigo mismo y si lo necesitas pide ayuda.

El cambio requiere de voluntad. La buena noticia es que la voluntad es como un músculo que se puede entrenar y fortalecer a base de práctica, y para cambiar es necesario repetir, repetir y repetir aquella nueva conducta o comportamiento que queremos incorporar hasta convertirlo en un hábito. Recuerda que el hábito es lo que permite a nuestro cerebro pasar del estímulo a la acción directamente y de esa forma ahorrar energía… ¿te suena…..?

Si quieres cambiar debes salir de tu “cueva” a explorar lo que hay ahí fuera, y eso nos genera miedo, recuerda que nuestro cerebro está programado para sobrevivir no para hacerte feliz, por este motivo tenderá a recorrer una y otra vez el camino que ya conoce, es decir tirará de ti para que no salgas de tu zona de confort.

Si este es tu momento y decides llevar a cabo un cambio, ¡¡ENHORABUENA!! ya has dado el primer paso, ahora continúa con la fórmula para hacerlo: preparación y acción; ¿como? fortaleciendo tu voluntad con práctica, respirando y parandote antes de actuar, identificando la creencia que te impide abordar el cambio,  buscando un valor que para ti sea muy importante conseguir con el cambio y recuerdalo; comprométete contigo mismo;  actúa con optimismo como si ya estuvieses allí, recuerda que tu cerebro no distingue la realidad de la ficción, cuida tu autocrítica cuando cometas errores, y no desistas cuando te encuentres en tu “desierto” de frustración. Por último sé agradecido por las cosas y personas maravillosas que te acompañana y reprograma tu cerebro repitiendo la nueva acción (o no acción) para así generar un nuevo “cable” neuronal, y diseñar tu propio camino.

Ana Calero Artero

Coach ejecutivo y educativo. Experta en inteligencia emocional y PNL

Los adolescentes y su adicción a los “like”

Un equipo de la Universidad de California en los Ángeles ha comprobado que los “like” de los demás internautas activa el centro de recompensa cerebral e influye en el comportamiento de los adolescentes.

La necesidad de aprobación es inherente a la condición humana y se produce en todas las etapas, aunque en la adolescencia aparece con mayor intensidad. El problema es cuando esa búsqueda de aprobación se convierte en un “mal hábito” e incluso en una adicción.

A nivel cerebral, dos estructuras coordinan nuestra conducta. El córtex prefrontal, donde residen el pensamiento y la vida racional, y que es responsable de funciones como la toma de decisiones, la planificación y gestión del tiempo, la interacción social y la autoconciencia, y el sistema límbico, que controla la emoción y el deseo. En los adolescentes el córtex prefrontal no se encuentra totalmente desarrollado, y el sistema de recompensa del cerebro encargado de generar dopamina cuando hacemos algo agradable y producir placer responde con más fuerza.

En la etapa de la adolescencia se construye la identidad; a través de la interacción social con otros se van a desarrollar sus valores, sus creencias, su forma de ver y estar en el mundo, de ahí que el uso adecuado de las redes sociales sea tan importante en estas edades. Las redes sociales muestran un “postureo” que poco tiene que ver con la realidad, y sinembargo algunos son capaces de realizar las hazañas más inverosímiles y peligrosas con tal de sentirse aceptados, reconocidos, en definitiva amados.

¿Cómo podemos educar a nuestros jóvenes en un uso adecuado de las redes?

Desarrollando su capacidad crítica a través del diálogo en familia; crear un espacio en el que cada uno exprese libremente (sin juzgar) su opinión y los argumentos que la sostienen. De esta forma aprenden a escuchar y respetar otros puntos de vista diferentes.

Fomentando en ellos la búsqueda de actividades que tengan un propósito y un significado “social” más allá del placer hedonista, algo que les va a generar mayor bienestar, más duradero y reforzará su autoestima.

Compartiendo actividades al aire libre, el contacto con la naturaleza y el deporte son grandes aliados contra el aislamiento de la redes sociales

Y lo principal, diciéndoles lo importantes que son, haciéndoles conscientes de su enorme valor y ayudándoles a quererse y reconocerse a ellos mismos a través de nuestro ejemplo.

Ana Calero Artero

Coach, Experta en Inteligencia emocional y PNL.

SOS cambios en la adolescencia

La adolescencia es un periodo especialmente inestable por los cambios físicos, cognitivos y conductuales que tienen lugar durante esta etapa; es un periodo de crecimiento y supone la transición entre el estado infantil y el adulto. Es la etapa en la que los adolescentes comienzan a elaborar su identidad definitiva y están sometidos a un “caos” en el que experimentan las emociones de forma desproporcionada, descontrolada y en algunos casos contradictoria.

“No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado para darse cuenta de cuanto he cambiado yo Nelson Mandela

La adolescencia es una etapa de duelo y de renovación. De duelo porque abandonan todo lo que tiene que ver con su infancia: pierden su cuerpo infantil, su rol de niños, y la relación con sus padres que pasa de estar basada en la admiración profunda durante la niñez al descubrimiento de que los progenitores no lo saben todo ni pueden con todo, lo cual les genera mucho dolor e inseguridad, y por último el cambio en su sistema de creencias y valores que pueden vivir con tristeza y sentimiento de pérdida. También es una etapa de renovación porque permite al adolescente librarse de la sumisión a la autoridad, experimentan rebeldía, comienzan a elaborar hipótesis, sienten curiosidad, son críticos.

La orientación de los padres en el acompañamiento a sus hijos durante esta etapa es fundamental. Nos cuesta entender que a veces realicen conductas y comportamientos infantiles y otras veces reaccionen como adultos. En muchos casos les pedimos a nuestros adolescentes que se comporten como un adulto aunque no les reconocemos esa cualidad.

Se trata de un proceso evolutivo natural y en este sentido existen herramientas para que el adolescente se conozca, conozca su entorno y pueda relacionarse consigo mismo y con los demás de forma saludable. La inteligencia emocional puede ayudar al adolescente a afrontar esos cambios que experimenta.

¿Cómo trabaja la Inteligencia emocional en los adolescentes?

Autoconocimiento, enseñándoles a reconocer sus estados de ánimo, sus fortalezas, y recursos, lo cual les llevará a tener mayora Autoconfianza.

Autorregulación, gestión de sus propios estados de ánimo, impulsos, lo cual potenciará su Autocontrol.

Automotivación, les facilitará el cumplimiento de sus metas, Compromiso, y Optimismo

Empatía, tomando conciencia de los sentimientos, necesidades y preocupaciones de los demás, fortaleciendo su Comprensión y Asertividad.

Habilidades Sociales que potenciará áreas tan importantes como Comunicación, Liderazgo, y Escucha activa

Ana Calero Coach

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